Tímida, incompleta,
vuelas sobre el pasto, y al hacerlo
suavemente rozas tu alma
a mi corazón sabanero.
Sensible, humana...
Pura y casta
- ¡como humano no hay!
Te encontré.
Y el alma grita con todas sus fuerzas:
¡Que tu sangre corra por mis venas!
¡Que tu vino sane mis heridas!
Por Álvaro Jiménez
domingo, 22 de abril de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario