Cada noche que te llevas,
oh sirena de horizonte,
el vino austero de mis labios
y me tocas el alma,
oh alma entera de silencio,
sucede.
Cada beso que me robas
oh estrella en pena, estrella mojada,
mojada en amores que se fueron;
cada lágrima cuando ríes,
cuando ríes tristes cabellos como dunas
sucede de nuevo.
Sucede entonces, el cielo ya enamorado,
sucede que tus pechos abrazan mis despechos;
oh sirena que soy tuyo, y del mar,
oh sirena que eres diosa del amar.
No te lleves el horizonte,
bello como tus ojos,
verde infinito de mis pasiones.
No te lleves, oh sirena
mis sueños rotos
en la voz de tus canciones.
Por Esteban Azofeifa
Las lecciones de Comunicación Escrita suelen ser un bostezo. Vale entonces sobrellevarlas con un poema.
viernes, 20 de abril de 2007
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