Odio los parajes verdes
en los momentos inoportunos.
Odio los helechos callados
y los objetos perdidos en lo oscuro.
Asoma la mirada un caído
lleno de maldad y de destino,
y cuando sopla música al oído
besa la muerte con egoísmo.
La armonía de tu llanto,
llanto que muere en vano,
merece besos de guitarra
y una sonrisa eterna de sabana.
Corazón oscuro y bello,
corazón violentado y herido,
corazón muerto en una pena,
tu gracia de cisne en piedra.
Por Esteban Azofeifa
lunes, 26 de marzo de 2007
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