Lapsos de quietud tangible,
florece y marchita.
Sedimentos de amor poco creíble,
que cuando al fin muere,
manipulas el ciclo, hasta que este,
desleído de amor repita:
“- Llévame al cielo, un poco más lejos...
Déjame amar aun dentro de los huesos,
hasta el rincón más profundo,
hasta el deseo más intenso...”
“- Llévame al abismo. Al más recóndito.
Al más oscuro sueño,
el más triste deseo:
¡El de ser tu dueño!”
Oh mujer milagrosa,
¡Déjame amarte!
Batalla menos que piadosa,
el yo querer entregarme, y tu...
¡Tu solo negarte!
Por Alvaro Jiménez
domingo, 18 de febrero de 2007
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