Levantando los escombros de un mundo caído,
Pegando pedazos de felicidades rotas,
Viendo las fotos que nunca tomé,
Escuchando las palabras que no me atreví a decir,
Quitando ya las marchitas flores que no me regalaste,
Me llegó la carta que no habías escrito…
Y lloré mi última lágrima por ti al comenzar a leer.
Explicaciones a mi iluso corazón,
Flores para la tumba de mi muerta esperanza,
Un boleto marcado a una nueva felicidad,
La distancia más grande que el recuerdo,
Regalos que ocupaba saber que me dabas,
Leyendo la carta que no habías escrito…
Lloré mi última lágrima por nosotros mientras seguía leyendo.
Tu nombre no es peso al cansado corazón,
Recuerdos son recuerdos, ya no son realidades,
El tiempo cura pero no borra… no importa, mientras deje de sangrar.
Tiempo y distancia pusiste entre nosotros,
Gracias por esos dos grandes maestros y su aliado el dolor…
Saben, al igual que tu, dibujar sonrisas entre lágrimas,
Hablar verdades en medio del dolor,
Y sobre todo, dejar después de partir una mejor persona de mí …
Cerrando la carta que nunca escribiste…
Sonreí, mientras terminaba de llorar, de nuevo por mí.
Por Irene Ochoa
viernes, 23 de febrero de 2007
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